El Parque Natural de los Valles de Babia y Luna es un espacio protegido de 58.000 hectáreas en el extremo norte de la provincia de León, dentro de la Cordillera Cantábrica. Se caracteriza por un paisaje de montaña donde contrastan las crestas calizas de elevaciones como Peña Ubiña (2.417 m), Picos Albos y Peña Orniz, con los suaves y verdes fondos de los valles formados por los ríos Luna y Sil. El territorio presenta evidentes huellas de erosión glaciar, como circos, morrenas y valles en artesa, junto a procesos kársticos derivados de la disolución de la caliza, que generan dolinas, circos y lagunas de origen glaciar. Desde los puntos de visita se contempla un horizonte crestado de picos nevados, prados infinitos y la serenidad de los valles donde nacen los ríos. La vegetación es una confluencia entre la atlántica y la mediterránea, con robles, hayas, rebollos y abedules. El elemento más singular es el sabinar de Mirantes de Luna, el más occidental de la Península Ibérica y un relicto del Terciario, que alcanza aquí su límite occidental de distribución en Europa. La fauna incluye lobo, rebeco, corzo, ciervo, jabalí, nutria, águila real, buitre leonado y presencia esporádica de oso pardo y urogallo cantábrico. El espacio fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2004 y Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), reconociendo tanto sus valores naturales como la tradición de pastores trashumantes que ha modelado el paisaje. La primavera y el otoño son las mejores épocas: la primera con el verde de los prados y la floración de matorrales, y el otoño con el contraste cromático de los bosques caducifolios y la concentración de aves en el embalse de Barrios de Luna.