La Laguna de Arcas es un paraje natural integrado en el Complejo Lagunar de Arcas-Ballesteros, un sistema de humedales endorreicos formados sobre yesos del Terciario en la provincia de Cuenca, Castilla-La Mancha. Este conjunto geológico singular comprende más de 35 dolinas y uvalas, de las cuales alrededor de 19 conservan agua de forma permanente o temporal, con profundidades que oscilan entre 1 y 15 metros. La singularidad del recurso reside en su formación sobre yeso, no sobre caliza como es habitual en la mayoría de humedales cársticos europeos, lo que le otorga un valor científico internacional por las peculiaridades de la circulación de aguas subterráneas y la presencia de comunidades sumergidas muy sensibles, especialmente carófitos y ovas. Desde el entorno visitable se aprecia un paisaje agrícola abierto de relieve suave pero muy singular, donde las láminas de agua de extensión variable se dispersan entre cultivos de trigo y pastizales. El enclave es único para contemplar las praderas subacuáticas formadas por plantas acuáticas bajo la superficie de las lagunas, visibles gracias a la claridad del agua. En el exterior, el vuelo del aguilucho lagunero y del milano negro es constante; las concentraciones de este último en época estival son espectaculares, convirtiendo el lugar en un paraíso para la ornitología. Su interés no es monumental, sino geológico y ecológico: un humedal frágil y cambiante protegido como Reserva Natural (Decreto 27/2002) y Zona Especial de Conservación, con una superficie de 219 hectáreas repartidas por los municipios de Arcas del Villar, Valdetórtola y Villar de Olalla. La mejor época para visitarlo es primavera y otoño, o inmediatamente tras lluvias, cuando las lagunas están más llenas y la vegetación acuática es más visible. En verano, conviene evitar las horas centrales del día por el calor y la ausencia de sombra.