Logo Los Pueblos Más Bonitos de EspañaLos Pueblos Más Bonitos de España - Inicio

7 días gratis · precio fundadorConservas el precio si entras antes del 31 de agosto.

Termina en 15 d 0 h 55 minProbar 7 días gratis
Artículos

Símbolo e Identidad: los Arcos de Alpuente

27 jul 2026 · 15:15

En Alpuente los arcos forman parte del paisaje que conecta el espacio con la historia. La Villa y sus aldeas conservan en calles y edificios el registro artístico de aquellos maestros de la arquitectura y la cantería que, a base de traza y de labra, transformaron en belleza la funcionalidad de un simple elemento estructural. Porque en Alpuente, cada dovela, cada sillar trasciende su condición sustentante para convertirse en narrador de los tiempos, en el hilo conductor de la memoria de los pueblos de la comarca de Los Serranos.

Vestigios de estas tierras que habitaron y defendieron andalusíes y cristianos, los arcos se encuentran a cada paso y a poco que levantes la mirada. Forman parte del lenguaje constructivo y de la personalidad de la zona, puertas como solución de continuidad a espacios públicos y privados, religiosos y civiles. Algunos son portales de entrada a lugares sagrados, a los dominios de Dios. Otros nos hablan del poder de los hombres, de la solemnidad de la autoridad real, de antiguas Cortes, de lonjas de compra y venta o del espacio más humilde, pero no menos bendito, de un horno comunal. Y los hay, también, monumentales, como la larga arquería apuntada que durante siglos marcó al agua su camino hasta las huertas y casas de la villa medieval.

Desde los alarifes que dejaron su impronta en el modesto Reino de Taifas que fuera Alpuente en el siglo XI, las condiciones de firmeza, utilidad y belleza que ordenara el sabio Vitruvio en su Tratado se conjugaron en cualquiera de estas estructuras a través de estilos y tendencias artísticas con arcos de medio punto, escarzanos, peraltados, ojivales o apuntados. El carácter militar y defensivo del enclave alpontino demuestra todo su poderío en la Torre de Alhama, cuyo arco con aparejo califal revela la precisión de la técnica constructiva islámica serrana y el preciosismo de su sencillez. Su funcionalidad defensiva se desarrolla plenamente en el acceso y en el interior del Porche de San Antón mediante un juego de arcos de medio punto con diferentes niveles de rebaje que componen el original pasaje abovedado, parte del sistema de rastrillo que fue en su día concebido para salvaguardar la fortaleza.

Adaptada la construcción a la defensa cristiana, del portal que daba la bienvenida al llamado Salón de Cortes destaca otro medio punto en cuya clave se encuentra tallado el emblema de la Villa con los ojos de la estructura arqueada de un puente y, erguidas y desafiantes, dos torres almenadas que certifican la secular simbiosis identitaria entre población y entorno construido, entre los arcos y Alpuente. Y todavía, rompiendo la monotonía de la sillería defensiva del muro sorprenden las arquerías dobles de una ventana geminada en la primera planta de la Torre con un motivo del gótico más ornamental: el sugerente ajimez y su gracioso parteluz con capitel y cimacio.

Los edificios religiosos reflejan a su vez los cambios de lenguaje arquitectónico cuando el gótico se impuso como nueva concepción del mundo terrenal y divino. Y de nuevo el arco fue pieza clave como portal de entrada. La portada de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Piedad presenta una solución abocinada mediante arquivoltas concéntricas que canalizan la luz a través del óculo superior, pero también en la actual calle Santa Águeda se encuentran las huellas de esta transición en un contexto de cambios de uso documentados por el historiador Valeriano Herrero, que rastrea un arco ojival del templo católico construido sobre la antigua mezquita en la fachada de una vivienda particular.

Como expresión de la funcionalidad de un espacio industrial tradicional, la portada del actual museo etnológico (antiguo horno moruno) da acceso a una serie de arcos diafragma ojivales en el interior que sostienen directamente el entramado de madera de la cubierta a dos aguas y permiten amplios espacios diáfanos adecuados a un edificio que utilizaba la comunidad. También la arquitectura residencial extramuros surgida con el auge económico de los siglos XVI y XVII mantuvo el arco como rasgo distintivo en sus viviendas señoriales, con portadas adoveladas de medio punto. En una de ellas, datada en 1565, fueron posteriormente cegadas para convertirse en ventanas bajas; otra de 1599 presenta como elemento característico un ojival tardío que nos habla de la pervivencia de estas tipologías en épocas en las que la estética de la modernidad apuntaba ya a otros estilos artísticos.

Los arcos firmaron el tiempo en Alpuente. Dejaron puertas y ventanas. Salvando distancias y terrenos abruptos elevaron una senda para el agua con un monumental acueducto sustentado en el aire. Y ahora, tejido siglo a siglo, dan forma al elegante tapiz de piedra donde se unen el arte y la memoria viva de la Villa.