Los molinos de Alpuente: La fuerza del agua al servicio del grano
04 sept 2026 · 16:32
Antes de la llegada de la energía eléctrica y la industrialización, los molinos hidráulicos representaron la cumbre de la ingeniería popular. Estas estructuras aprovechaban la energía cinética de las corrientes de agua para hacer girar pesadas muelas de piedra que transformaban los cereales en harina, la base indispensable para la subsistencia de las sociedades rurales. En las comarcas del interior, el molino no era un simple edificio técnico: constituía el auténtico motor de la economía local.
En el municipio serrano de Alpuente, caracterizado por su orografía abrupta y la marcada irregularidad del régimen hídrico, la arquitectura del agua tuvo que adaptarse con ingenio. A lo largo del cauce de sus barrancos y arroyos se articuló una compleja red de instalaciones que dependían de una cuidadosa gestión de cada gota.
El ingenio del Molino Micero y el sistema de balsas
Entre las construcciones que salpican el término municipal destaca el Molino Micero. A diferencia de construcciones situadas en grandes ríos de caudal permanente, los molinos de esta comarca debían hacer frente a cauces escasos o fuertemente estacionales. Para superar este desafío, se perfeccionó un sistema basado en balsas de regulación.
El proceso de molienda se estructuraba en varias fases bien definidas:
Acumulación: El agua proveniente de manantiales o de pequeños azudes se canalizaba mediante acequias hacia una balsa superior, donde se almacenaba hasta alcanzar el volumen necesario para trabajar.
Impulso: Al liberar la compuerta, la masa de agua descendía a gran presión a través del cubo o rampa inclinada, canalizando toda su fuerza hacia la parte inferior de la estructura.
Molienda: El impacto del agua hacía girar el rodezno (rueda hidráulica horizontal) en el cárcavo. Este movimiento impulsaba un eje vertical que hacía rotar la piedra superior o volandera sobre la piedra inferior fija o solera, triturando progresivamente el grano depositado en la tolva.
El corazón de la sociedad rural
En una comarca agrícola volcada en los cultivos de secano como el trigo, la cebada y el centeno, la harina representaba el alimento básico diario. Los agricultores de las distintas aldeas de Alpuente acudían periódicamente al molino para procesar sus cosechas, abonando el servicio mediante la maquila (una porción fijada de la propia harina o grano).
Hoy, el legado del Molino Micero y de los otros molinos permanece como un valioso testimonio etnográfico que demuestra la perfecta armonía entre el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y la arquitectura tradicional.


