El secreto del agua en Alpuente: la historia de sus fuentes
19 sept 2026 · 13:59
En la comarca valenciana de La Serranía, la villa histórica de Alpuente guarda una relación fascinante con el agua. El paisaje de huertos escalonados que envuelve al municipio no es casualidad: es el resultado de siglos de ingenio popular para canalizar y aprovechar cada gota que brotaba de las montañas.
La Fuente Vieja y el ingenio de la filtración
Durante generaciones, el abastecimiento del municipio dependió de la Fuente Vieja, ubicada a escasos tres minutos del casco urbano. El agua recorría unos dos kilómetros desde sus manantiales originarios a través de una acequia que alimentaba tanto el consumo local como el riego de los bancales.
Lo más curioso de esta infraestructura era su sistema de potabilización: antes de llegar a los vecinos, el agua atravesaba un filtro artesanal conocido como «rallo». Este sistema, compuesto por varias capas superpuestas de arena y cantos rodados, actuaba como una depuradora natural cuya estructura aún se conserva como testigo del pasado.
El dilema de Calicanto: un error convertido en aprendizaje
Traer el agua a la villa no estuvo exento de pruebas y errores. El primer intento de canalización buscaba aprovechar el Calicanto, un pequeño afloramiento situado cerca del acueducto. Para retener el caudal, los antiguos habitantes levantaron una modesta presa.
Sin embargo, la naturaleza del subsuelo jugó en su contra. El agua filtró rápidamente a través de la roca, alimentando una corriente subterránea que iba a parar a la Fuente Nueva. Como observaron los propios vecinos, el Calicanto terminó por secarse justo cuando la Fuente Nueva comenzó a brotar con mayor fuerza.
El Acueducto de Los Arcos y los envites del tiempo
Tras el fracaso del Calicanto, los pobladores redirigieron sus esfuerzos hacia la Fuente Nueva y el manantial de Marimacho. Para salvar el barranco o «reguero», levantaron una imponente obra hidrológica: el acueducto.
Su construcción refleja dos épocas distintas:
Primera fase: arcos ojivales de fina factura que preceden y cruzan el cauce principal.
Segunda fase: arcos posteriores con un perfil apuntado más suave.
A lo largo de los siglos, la infraestructura resistió el paso del tiempo, salvo por las riadas. Una fuerte crecida del río llegó a desviar el cauce y arrastrar dos de los arcos centrales. Durante años, la fractura se solucionó de forma provisional con una canal de madera, hasta su posterior restauración moderna. Hoy en día, pasear junto a estos arcos es recorrer la historia viva de la supervivencia de Alpuente.


